Queridos amigos, sí, estoy viva. No sé muy bien cómo lo he logrado pero lo he conseguido. Al final el cuento campestre se fue desarrollando de forma satisfactoria. Me dediqué a trabajar, no bajo palio pero sí bajo diluvio, y se me pasó volando una de los momentos climáticos más duros de mi vida.
Ahora, tras ese bautismo de agua, lluvia y viento, puedo decir con la certeza de no equivocarme, que estoy absolutamente absorbida, y más bien, empapada, por la cultura de la zona, por la vida del campo y por la idiosincrasia de la tierra gallega. Si ya antes quien hablaba conmigo nunca sabía si iba o si venía, ahora os aseguro que no hay forma de conseguir saber a dónde voy en realidad.
| Así de digna con mi empanada gallega. ¿Voy? ¿Vengo? ¡Quién lo sabe! |
Aunque mis raíces gallegas siempre estuvieron ahí pero en estado latente, por fin la cosa ha germinado y ahora está comenzando a brotar una planta carnívora que deglute todo lo que encuentra a su paso y que además se lo pasa pipa con ello.
Pero volvamos a mi vida en el campo. Tengo que decir, que no he cambiado tanto. Me he pasado el invierno vestida de hombre por exigencias del guión y ahora que el sol asoma en lontananza, me planto unos buenos taconazos a la menor ocasión. ¡No puedo evitarlo! No sólo me sirven para sujetar mi cuerpo sino también para sustentar un hilillo de feminidad que, gracias a Dios, no me quitan ni con sacho.
| Jimmy Choo y Sylvie adaptándose a la vida del campo. Las manchas de las piernas son picotazos de insectos y no, no estoy como Dios me trajo al mundo. Abstenerse fantasiosos. |
Pero venir aquí no me ha hecho olvidar a mis amigos, ¡Eso nunca! Sigo unida especialmente a uno llamado Estrés. Estrés sigue conmigo y hasta me atrevería a decir que es mi amigo más fiel. Estrés viaja a donde yo voy, no se separa de mí en ningún momento y no hay forma de quitárselo de encima, hablando en plata. Vivía con él en Madrid y nunca hubiera imaginado que quisiera venir conmigo a Galicia. Yo pensaba que era urbanita convencido. El caso es que vino y se adaptó estupendamente, ¡casi mejor que yo! He estado pensando hacer un viaje para separarme de él unos días y así descubrir si le echo de menos, un pequeño refrigerio en la pareja nunca viene mal. Pero el muy puñetero, no sé cómo, se ha enterado de todo y ya se ha apuntado al embarque. En fin, en la actualidad Estrés y yo vivimos bastante felices juntos pero qué queréis que os diga, algún día me gustaría probar a vivir sin él.
| Mis amigos me preguntan que qué hago todo el día aquí. No lo sé, yo sólo sé que estoy con Estrés. Y él conmigo, por supuesto. |
Otro de mis mejores amigos aquí es el Sector Arácnido. Si tienes aracnofobia, el campo no es lo tuyo. No insistas porque aquí tienes que aprender a convivir con estas bolitas con patas altamente peligrosas. Palabra de ronchón. Aunque sé que matar a una araña no da buenos augurios, no hay más remedio. Yo ya tengo acumulados siglos de desgracias para mí y para toda mi familia pero, repito, no hay tutía. A mí me gustaría, recogerlas y volver a echarlas al campo con un grácil y suave golpecito en su abultado abdomen pero no es fácil. No paran de moverse. Existe posibilidad de picotazo. Siempre querrán volver a tu guarida y empegotarla con su tela. Y por último, ¡uf! Ya me cuesta reciclar envases, vidrio, pilas, papel, medicamentos... como para ponerme a reciclar arañas.
| Es la Ley de la Selva. O ellas o tú. |
Aún así, todavía hay clases. Mucho mejor encontrarse ésto que una escolopendra, como la que tenía el otro día al lado de la cama. Ésas corretean como locas y aunque las pises, continúan moviéndose y luchando cada trozo por sobrevivir. Una abominable visión que mi cerebro no tiene manera de borrar ya que, cada cierto tiempo, la vuelvo a experimentar. Omito imagen para no herir sensibilidades.
Sin más, me despido desde el paraíso animado del Jardín de La Saleta. Procuraré volver lo antes posible por estos lares y no dejaros solos tanto tiempo.
¡Hasta la próxima e infinidad de besos!
Sylvie Tartán.
Sin más, me despido desde el paraíso animado del Jardín de La Saleta. Procuraré volver lo antes posible por estos lares y no dejaros solos tanto tiempo.
¡Hasta la próxima e infinidad de besos!
Sylvie Tartán.
